Violencia Patrimonial

La violencia patrimonial, definida mínimamente como la violación de los derechos de propiedad de las mujeres, se reconoce cada vez más como una forma de violencia de género, junto con la violencia física, psicológica y sexual.

Violencia de género

El origen de la violencia de género (VG) está relacionado con la determinación de los roles sociales que establece las jerarquías entre hombres y mujeres. Los roles y comportamientos socialmente adecuados de cada género se transforman en marcas de las relaciones de poder presentes en una sociedad estructurada según el patriarcado, y a los hombres se les concede la autorización para castigar cualquier tipo de desviación (Saffioti, 2001).

Otra definición de violencia es la propuesta por Alemany. En el Diccionario Crítico do Feminismo, la entrada se define como: «Las formas de violencia practicadas contra las mujeres en razón de su sexo son múltiples. Incluyen todos los actos que, mediante la amenaza, la coacción o la fuerza, les infligen en la vida privada o pública sufrimientos físicos, sexuales o psicológicos con el fin de intimidarlas, castigarlas y humillarlas o golpearlas en su integridad física y en su subjetividad».

Aunque estos comportamientos se presenten como «naturales» o «biológicos», no pueden considerarse sólo como biológicos ni sólo como sociales. Son el resultado de una enseñanza sistemática que opera a través de la cultura desde la infancia y se estructura en un intercambio entre el cuerpo natural y el orden sociocultural. Otro punto importante es el hecho de que la violencia de género, aun teniendo sus raíces en un «orden de género» construido en la sociedad patriarcal, no es su resultado exclusivo, sino que está imbricada en una compleja cadena que interconecta género, etnia y clase. «Si es cierto que el orden de género patriarcal no opera solo, también lo es que constituye el caldo de cultivo en el que se da la violencia de género, el cemento que construye diversas desigualdades, incluso entre hombres y mujeres» (Saffioti, 2001, p. 133)[2].

En sociedades como la brasileña, el sexismo y el racismo aparecen como factores estructurantes, y los marcadores de desigualdad social y racial constituyen elementos que se interconectan en la violencia de género de forma transversal. No es casualidad que las mujeres negras sean mayoría entre las víctimas de la violencia doméstica, constituyendo el 59,4%, como muestra el Informe Socioeconómico Anual sobre la Mujer 2104 (Relatório Anual Socioeconômico da Mulher, Raseam).

Violencia doméstica

La violencia contra la mujer en el espacio doméstico siempre fue considerada una cuestión privada, particularizada en la convivencia íntima de la pareja. Durante mucho tiempo, esta mentalidad dominó soberanamente la cultura brasileña, legitimando el sexismo y la dominación del hombre sobre la mujer y sigue manifestándose en el famoso dicho popular de que «nadie se mete en las peleas entre marido y mujer».

La disciplina de estos roles sociales aparece a menudo como justificación de la violencia doméstica. Frases como «no cumplió con su papel de mujer»; «no cumplió con sus obligaciones como esposa»; «no sabe cuidar de la casa y de los hijos» se han repetido sin cesar para justificar la violencia empleada contra las mujeres, principalmente en el ámbito doméstico y familiar.

Violencia Patrimonial

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